Perspectivas ·

La emoción también produce resultados

Toda decisión de negocio pasa por una emoción. Ignorarla no la elimina: la deja operar sin dirección.

Por Liliana Gerardo C.

Liliana Gerardo C. en un taller de inteligencia emocional

En muchas organizaciones la inteligencia emocional se sigue tratando como un tema blando: deseable, pero secundario frente a los indicadores. Es un error de lectura. La emoción no acompaña a los resultados; los produce.

Un director que llega a una junta con miedo a quedar expuesto no pregunta lo que necesita preguntar. Un equipo resentido cumple lo mínimo. Un gerente que confunde enojo con firmeza obtiene obediencia, no compromiso. Nada de esto aparece en el tablero, pero explica buena parte de lo que el tablero muestra.

Lo que la emoción hace en la operación

Cada emoción predispone a actuar de cierta manera. El miedo lleva a cuidarse y callar. El resentimiento lleva a retirar el esfuerzo sin decirlo. La resignación convence a un equipo de que no vale la pena intentarlo. La confianza, en cambio, abre la posibilidad de pedir, ofrecer y comprometerse.

Por eso dos equipos con el mismo plan, los mismos recursos y la misma capacitación obtienen resultados distintos. La diferencia no está en lo que saben. Está en el estado emocional desde el que actúan.

Tres prácticas para el líder

Nombrar la emoción antes de resolver el problema. «Veo preocupación en el equipo por el cierre de mes» abre una conversación que «necesitamos mejorar los números» clausura. Nombrar no es dramatizar; es reconocer lo que ya está ocurriendo.

Distinguir el hecho de la interpretación. Gran parte del malestar en los equipos nace de juicios que se viven como verdades: «no le importa», «me está bloqueando». Separar lo que pasó de lo que interpretamos devuelve al equipo la posibilidad de actuar.

Elegir la emoción desde la que se conversa. Una conversación difícil desde el enojo produce defensa. La misma conversación desde la serenidad y el respeto produce acuerdo. El líder no controla la emoción del otro, pero sí la suya, y la suya marca el tono del equipo.

Cómo lo trabajamos

En los programas de liderazgo de TCC la inteligencia emocional no es un módulo aislado: es la base sobre la que se construye lo demás. Antes de trabajar conflicto, accountability o cambio, los líderes aprenden a reconocer qué emoción los mueve y cuál generan en otros. Sin esa base, cualquier herramienta de gestión se aplica a medias.

El indicador que buscamos no es que la gente «se sienta bien». Es que el equipo pueda decir lo que ve, pedir lo que necesita y cumplir lo que promete. Eso sí se refleja en el tablero.

Para cerrar

¿Desde qué emoción está operando hoy tu equipo, y qué resultados está produciendo esa emoción?

Por Liliana Gerardo C.

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