Perspectivas ·

Hacer que suceda

Con la inteligencia artificial, cualquiera escribe un plan impecable. Lo difícil sigue siendo que ese plan se vuelva la forma de operar.

Por Tatián Meeser G.

Sesión de trabajo con un equipo de líderes

Hace algunos años, un buen diagnóstico y un plan bien escrito ya eran una ventaja. Hoy no. Con inteligencia artificial, cualquier organización puede tener en una tarde un documento impecable: visión, objetivos, iniciativas, indicadores y hasta el plan de comunicación. El problema es que ese documento suele terminar donde terminaban los anteriores: en un cajón.

En más de veinticinco años acompañando transformaciones he visto fallar muy pocas estrategias por estar mal diseñadas. Fallan en el tramo que casi nadie presupuesta: el que va de la decisión en la sala del comité a la conducta en la operación del lunes.

Lo que pasa en ese tramo

Es predecible. El plan se presenta, se aprueba y se baja en cascada. Cada área lo interpreta desde su agenda. Los líderes que deberían patrocinarlo tienen la semana llena de urgencias. La primera vez que la nueva forma de operar choca con la costumbre, gana la costumbre. Nadie lo decide; simplemente ocurre. Tres meses después, el plan sigue vigente en el papel y la organización opera como antes.

No es falta de compromiso. Es un problema de diseño: casi ningún plan incluye el sistema que lo hace suceder.

Cuatro piezas que hacen que algo suceda

Decisiones con dueño y fecha. Una prioridad sin responsable es una aspiración. Un acuerdo sin fecha es una conversación. La primera revisión que hacemos en cualquier proyecto es simple: de lo que se decidió, ¿quién responde y para cuándo?

Líderes que modelan, no que anuncian. Las personas no cambian por lo que escuchan en una reunión general; cambian por lo que ven hacer a su jefe el martes siguiente. Por eso trabajamos con los líderes antes que con nadie: su agenda, sus conversaciones y lo que dejan pasar son el mensaje real.

Rituales de seguimiento. La estrategia se juega en la agenda: en qué juntas se revisa, con qué indicadores y qué se hace cuando algo no se cumple. Si el plan no tiene un lugar fijo en el calendario, no tiene lugar en la organización.

Medición de conducta. No asistencia a talleres, sino evidencia de que se decide, se conversa y se ejecuta distinto. Lo que no se ve no se puede corregir mientras todavía hay tiempo.

Un ejemplo

En una reubicación de más de 600 personas a un nuevo centro operativo, la diferencia no la hizo el plan de comunicación, que era bueno. La hicieron 55 sesiones grupales y más de 570 conversaciones individuales en las que cada persona entendió qué cambiaba para ella y decidió quedarse. El 95% aceptó su reubicación y la operación no se detuvo. El fondo previsto para liquidaciones, de más de 12 millones de pesos, no se usó.

Ese resultado no estaba en el documento. Estaba en el trabajo de hacerlo suceder.

Lo que la tecnología no va a hacer

La inteligencia artificial nos va a ayudar a pensar mejor y a escribir más rápido. Lo que no va a hacer es sentarse en la junta en la que un director decide si sostiene o no un acuerdo incómodo, ni tener la conversación que un gerente lleva meses evitando. Esos momentos siguen siendo humanos, y ahí es donde se gana o se pierde una transformación.

Nuestro trabajo no se mide en palabras. Se mide en lo que sigue operando cuando nos vamos.

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