Cambiar o no cambiar. Esa es la cuestión…

Cuando permanecemos estáticos tenemos la falsa sensación de estabilidad, control y seguridad. Sin embargo, ¿esa percepción es real? O ¿es una ilusión a la que nos aferramos pensando que todo está bien porque estamos en un terreno conocido? Y entonces nos decimos a nosotros mismos: ¿para qué cambiar?

Desde mi experiencia, la respuesta es sencilla: el cambio es la única constante en nuestras vidas y es mejor prepararnos, flexibilizarnos y movernos porque lo decidimos. Cuando esperamos a que las cosas pasen entonces quedamos entrampados en el juego del destino siendo simples espectadores sin decisión del rumbo que tomaremos.

Además, si analizamos nuestra propia existencia el cambio nos ha acompañado desde el día en que nacimos. Pasamos de estar en el vientre materno, un lugar cálido, seguro y nutricio, a un mundo desconocido al que nos adaptamos para sobrevivir. No lo tenemos consciente porque otros nos ayudaron a sobrepasarlo, pero conforme crecemos transitamos por múltiples experiencias y transformaciones de las que somos protagonistas.

Seguramente algunos vivimos la separación de nuestros padres, el fallecimiento de algún ser querido, enfermedades o accidentes importantes, cambios de residencia y muchos más. ¿Cómo los sobrellevamos, pero más importante aún, cómo salimos fortalecidos de cada uno de esos eventos?

Y qué decir del primer amor y la revolución que generan las endorfinas que nos impulsan a hacer lo que sea para estar con el ser amado. Cuántas fantasías y sueños, donde construimos un cuento de amor para toda la vida. Y todos hemos vivido la desilusión de terminar con una pareja. ¿Cómo nos sentimos? Seguro en un primer momento entramos en shock y negamos el principio de realidad, pensando: “esto no está sucediendo… seguro tuvo un mal rato y vamos a estar bien”. Y sucede que el susodicho(a) mantiene su postura y no nos queda más que resignarnos, tomar consciencia, comprender y aceptar que esa relación terminó. Y por supuesto, más adelante encontramos a alguien con quien compartir y construir una nueva historia de amor.

¿Qué pasó cuando terminamos nuestros estudios y enfrentamos el mundo laboral? Sentimos miedo ante lo desconocido, porque no sabíamos si tendríamos las aptitudes para que alguien nos contratara. Superamos esa angustia, nos lanzamos al ruedo y conseguimos nuestro primer empleo. Por supuesto, descubrimos entonces que en toda empresa el cambio también está presente y es una constante. Cambian los procesos, cambian los roles y actividades, cambiamos de puesto, cambian las personas en la organización, cambia la ubicación donde trabajamos, cambiamos de trabajo, crecemos, asumimos más responsabilidades… Sumamos un ingrediente adicional: los líderes definen estrategias y proyectos que nos impactan de forma directa y no necesariamente nos preguntan si estamos de acuerdo con el nuevo esquema.

También factores externos impactan nuestro trabajo y vida. Hoy más que nunca estamos sensibles de esta realidad, ya que de la noche a la mañana nuestro mundo cambió a causa de una pandemia que nunca imaginamos. Sentimos miedo y en un primer momento no sabíamos como afrontar la situación. ¿Cómo íbamos a trabajar a distancia? ¿Cómo cuidar nuestra salud y hacer ejercicio en casa? ¿Cómo mantener contacto y cercanía con nuestros vínculos significativos a pesar de no poder vernos? E infinitas preguntas más que seguramente a todos nos pasaron por la cabeza. Este ejemplo nos da una gran lección como personas y como humanidad, porque nos ha demostrado que todos tenemos la capacidad de adaptarnos y movernos de lugar. Cambios, cambios y más cambios que han sido aplicados en todos los contextos de la vida.

Con este recorrido en nuestras historias, y reflexionando sobre experiencias adicionales que todos hemos vivido, confirmamos: el cambio es la única constante, por lo que debemos aprender a abrazarlo y caminar a su lado.

Personalmente, al crecer, afrontar mis miedos, moverme de mi zona de confort, retarme cada día, abrirme a nuevas posibilidades, vivir experiencias, pero más aún al elevar mi nivel de conciencia como ser humano descubrí mi pasión y vocación: ayudar a las personas y las organizaciones a transformarse en la mejor versión de sí mismos.

Todos los días sigo aprendiendo y descubriendo que el cambio no tiene límites, que el desarrollo humano siempre es factor clave de éxito, que existen diversas formas de ver la realidad, que involucrar a los otros genera nuevas y mejores soluciones y maneras de evolucionar. Tengo claro que no hay fórmulas mágicas y que todos los días puedo incorporar maneras distintas para seguir mi vocación de transformación y movimiento.

“Si no te gusta donde estás, muévete. No eres un árbol”. Seamos creativos y busquemos constantemente nuevas formas de ser y de hacer las cosas, con el riesgo que implica, pero sobre todo con las grandes bendiciones que la vida nos regala.